La Voz de César Vidal

Editorial: 45 años del golpe del 23-F - 23/02/26

César Vidal

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Por César Vidal.

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En este Editorial, César Vidal conmemora el 45º aniversario del golpe del 23-F (23 de febrero de 1981) reconstruyendo el contexto que llevó a la dimisión de Adolfo Suárez y a la intentona golpista. Repasa el desgaste político de Suárez —el distanciamiento del rey Juan Carlos, las luchas internas en la UCD, la ofensiva del PSOE, la falta de apoyo de la Conferencia Episcopal y el clima de crisis económica—, en paralelo al auge del terrorismo de ETA y al malestar de sectores militares tras la legalización del Partido Comunista.

A partir de ahí, el editorial ofrece una cronología detallada del 23-F: el asalto de Tejero al Congreso, la torpeza que dejó imágenes televisadas que desacreditaron el golpe, la salida de tanques en Valencia con Milans del Bosch, los movimientos fallidos para controlar Madrid, y el intento del general Alfonso Armada de imponer un “gobierno de concentración” con políticos de distintos partidos. Según Vidal, el plan se frustró por la negativa de Tejero y por la actuación del rey, que telefoneó a los mandos militares, vetó a Armada y finalmente compareció en televisión de madrugada para defender la Constitución.

El programa subraya también la reacción de actores nacionales e internacionales: el papel de El País y la SER al posicionarse contra el golpe, la pasividad de la Conferencia Episcopal hasta que el fracaso fue evidente, y una actitud exterior que califica de reveladora, con EE. UU. tratando el asunto como “interno” y reaccionando tarde.

En su análisis final, César Vidal critica las versiones interesadas que, a su juicio, se han impuesto con el paso del tiempo: desde el relato que atribuye la resistencia al “pueblo y los sindicatos” hasta la tesis de una extrema derecha que culpa al rey como “traidor”. Sostiene que el 23-F dejó al descubierto la fragilidad institucional, el egoísmo de las élites (partidos, sindicatos, finanzas e Iglesia) y el miedo social a defender la libertad. Conecta ese diagnóstico con la España actual, llamando a no caer en el desánimo y a “ponerse en pie”, rematando con un dato simbólico: mientras se escuchaba el editorial, la deuda pública habría aumentado en torno a 7 millones de euros, beneficiando —afirma— a los mismos intereses que salieron favorecidos tras el 23-F.

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SPEAKER_01:

La voz con César Vidal desde el exilio.

SPEAKER_00:

Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches, anda bienvenidos tochas de la voz. I'm César Vidal. Corrected, and more concretamente the year 29, when the President of the Government, Adolfo Suárez, announced su dimission. In sure of despedida, that retransmitió Televisión Española y que duró 12 minutos, Suárez dio una razonia que sonó en aquel entonces sobrecogedora. No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España. La afirmación, sumada a otra, no me voy por temor, parecía indicar que creía en la posibilidad de un golpe militar que se iba a desactivar con su marcha. Sin embargo, en su ánimo pesaron también el desapego del monarca hacia su persona, las deslealtades de sus propios compañeros de la Unión de Centro Democrático y la guerra despiadada que contra él había desencadenado un partido socialista que sabía que solo llegaría al poder si lo destruía. Fue lo que Suárez describió en su discurso como el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas. Por añadidura, la petición de ayuda que había formulado al cardenal Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal Española, fue desatendida por este de manera más que culpable, incluso negándose a ponerse en contacto con él cuando el hijo del presidente del gobierno sufrió un accidente, según relataría el propio sacerdote Martín Descalz. Suárez era no puede negarse un juguete roto. No dejaba al respecto de ser significativo que el rey se distanciara de él, que buena parte de los notables de su partido lo aborrecieran y que el cardenal Tarancón, que había dictado buena parte de su política, procurara mencionarlo lo menos posible en los no pocos libros de memorias, recuerdos y entrevistas en los que llegaría a aparecer. De hecho, en alguna ocasión, Tarancón lo describió con una displicencia apenas oculta y escudada en un difunto herrero tejedor como un chico listo que no tenía gran formación. Pero la dimisión de Suárez no fue el final. A decir verdad, iba a verse relacionada con un golpe que pudo tener dramáticas consecuencias en la historia de España. Hoy es el 45o aniversario del golpe de Estado del 23 de febrero. Sin ánimo de ser exhaustivos, los hechos son los siguientes. Primero, el 20 de noviembre de 1975 falleció el general Franco y, según las disposiciones sucesorias, Juan Carlos de Borbón accedió al trono español. Segundo, a esas alturas, Juan Carlos era un informador importante de la inteligencia americana de lo que sucedía en España, y gracias a pasos como la cesión del Sáhara a Marruecos era considerado como un personaje fiable al que debía encomendarse la transición española, una transición que tenía que llevarse a cabo desde un sector conservador, de acuerdo a las instrucciones precisas formuladas por Henry Kissinger, Secretario de Estado de los Estados Unidos de América. Tercero, en 1976, ante la incapacidad de Arias Navarro para iniciar la transición hacia una monarquía parlamentaria, el rey lo sustituyó por Adolfo Suárez. Ito, la actividad de Suárez, en algunos momentos verdaderamente febril, desembocó en el hecho de que en 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas en décadas. Quinto, en contra de lo deseado por el rey Juan Carlos, Suárez no solo no se retiró de la política, sino que se presentó a las elecciones, ganándolas al frente de una coalición conocida como la Unión de Centro Democrático. Al año siguiente, se aprobó por referéndum una constitución nacida del consenso de distintas élites. Sexto, en 1979 Suárez formó su tercer gobierno, encontrándose con un panorama político extraordinariamente difícil. Por un lado, las Fuerzas Armadas lo aborrecían al considerar que las había engañado al legalizar al Partido Comunista. Por otro, la organización terrorista ETA estaba desarrollando una pavorosa actividad mayor que con la dictadura de Franco y encaminada a que descarrilara el proceso democratizador. Séptimo, por añadidura la crisis económica era galopante, en parte porque el Gobierno de Franco no había sabido reaccionar adecuadamente frente a la crisis del petróleo de 1973, y en parte por la acción de los sindicatos Comisiones Obreras y UGT que impusieron reclamaciones más que delirantes in aquellos momentos. Ni siquiera los denominados pactos de la Moncloa lograron controlar la pésima situation. En noviembre de 1978 tuvo lugar la desarticulación de la Operación Galaxia, which planeaba un golpe de Estado militar contra el Gobierno de Suárez. Su meta era impedir la aprobación de la Constitución in referéndum e imponer un gobierno militar al estilo de las dictaduras griega, chilena y argentina. El principal responsable del golpe frustrado fue el guardia civil Antonio Tejero, que fue condenado a siete meses de prisión. Noveno. Durante el año 1980 dimitió en enero el ministro de Cultura, Manuel Clavero. Hubo una crisis ministerial en mayo. A finales de ese mismo mes, el Partido Socialista presentó una moción de censura contra Suárez. En julio dimitió el vicepresidente del Gobierno, Fernando Abril Martorell, lo que llevó a una nueva crisis gubernamental en Septiembre. Y en octubre, en clara oposición a Suárez, fue elegido portavoz de la Unión de Centro Democrático en el Parlamento Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, partidario de llegar a una coalición con la Alianza Popular de Manuel Fraga. De manera especialmente preocupante, entre 1978 y 1980, la Organización Terrorista ETA asesinó a más gente que nunca. En total, 244 personas. De esas 244 personas, solo en 1980 arrancó la vida a 97. La inquietud que esas acciones terroristas provocaron en el ejército y en la Guardia Civil fue indescriptible. Un décimo. Durante esas fechas se mantuvieron reuniones secretas del General Armada y sus enviados con políticos de la Unión de Centro Democrático, de Alianza Popular, del Partido Socialista, del Partido Comunista y los nacionalistas catalanes de Pujol con vistas a una posible solución de gol que colocaría al frente del Gobierno español a un militar de alta graduación y, en concreto, a él mismo. La finalidad reconocida de ese Gobierno de concentración nacional sería acabar con las acciones terroristas de ETA. Duodécimo. El 29 de enero de 1981, acosado y abandonado, Suárez presentó la dimisión como presidente del Gobierno y presidente de la Unión de Centro Democrático. En su intervención televisiva, Suárez aseguró que no quería que la democracia fuera un paréntesis en la historia de España. XIII. El 1 de febrero de 1981, el colectivo Almendros publicó en el periódico profranquista El Alcázar un artículo claramente golpista que permitía intuir el peligro real de que se produjera esa eventualidad. En contra de lo que se ha firmado, había indicios más que claros de que se fraguaba un golpe militar desde la extrema derecha. Los días del 2 al 4 de febrero, los reyes viajaron a las Vascongadas y visitaron la Casa de Juntas de Guernica, donde los diputados de Rivadasuna, una franquicia de ETA, los recibieron con un fuerte abucheo y varios incidentes. Decimo quinto. El 6 de febrero apareció asesinado el ingeniero de la central nuclear de Lemóniz, José María Rían, que había sido secuestrado unos días antes por ETA militar. Por esas fechas seguía secuestrado otro industrial de nombre Luis Suñer. XIX. También, el día 6 de febrero, comenzó el segundo congreso de la Unión de Centro Democrático en Mallorca. Mientras que la militancia apoyaba a Suárez, los notables del partido dejaron de manifiesto enormes luchas intestinas. Agustín Rodríguez Aún, un hombre de Suárez, fue elegido presidente del partido. 17. El 10 de febrero, el rey Juan Carlos designó a Leopoldo Calvos Otelo candidato a la presidencia del Gobierno. 18. El 19 de febrero de 1981 empezó la sesión de investidura en el Congreso de los Diputados, donde Calvos Otelo presentó su propuesta de gobierno. Pero la votación del día 20 no tuvo la mayoría absoluta necesaria. La nueva votación debía tener lugar 48 horas después, el día 22 de febrero, tal y como establece el artículo 99.3 de la Constitución. Pero al caer en domingo, el presidente del Congreso de los Diputados, Landelino Lavilla, la aplazó para el lunes 23 de febrero. Ese día sería el elegido por los golpistas para llevar a cabo sus planes. Décimo noveno. De manera también significativa, el periodista Emilio Romero Gómez había publicado días antes del 23F un artículo en el Diario ABC en el que criticaba duramente al dimitido Adolfo Suárez, defendía la necesidad de un golpe de timón y proponía al general Alfonso Armada como posible candidato a presidente de Gobierno. Vigésimo, el 23 de febrero de 1981, a las 6.24 de la tarde, un grupo de guardias civiles a las órdenes del teniente coronel Tejero tomó el Palacio de las Cortes mientras se desarrollaba la votación para la investidura del candidato a la presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotero. Los diputados y el gobierno de Español completo se vieron secuestrados en su interior. Vigés I. De manera extraordinariamente suez y torpe, Tejero fue incapaz de desconectar todas las cámaras de televisión que había en el Congreso, y todo el mundo pudo ver su entrada violenta en el hemiciclo, su intento cobarde y soberbio de poner la zancadilla por la espalda al teniente general Gutiérrez Mellado y la resistencia gallarda de Adolfo Suárez. A partir de ese momento, el golpe se vio descalificado mundialmente. Tejero quedaría para siempre identificado con el golpe, pero se había convertido ya en la causa de su fracaso. Vigésimo segundo, no más eficaces resultaron los demás implicados en el golpe. De hecho, con la excepción del teniente general Milans del Bosc, que lanzó los tanques a la calle en Valencia a las 7 y media de la tarde, los golpistas iban a revelarse incapaces de tomar las instituciones y los medios. Vigésimo III. A las 7.40 de la tarde, Tejero cogió por el brazo al presidente Suárez y lo sacó del hemiciclo. Una vez en el cuarto de Ujieres, Suárez pidió a Tejero que explicara qué locura es esta. Tejero se limitó a decir que era todo por España. Ante la insistencia de Suárez, Tejero le replicó, Tú ya no eres presidente de nada. Vigésimo cuarto. Pasadas las ocho de la noche, otros cinco asistentes al pleno fueron separados del resto. El vicepresidente del Gobierno, Teniente General Gutiérrez Mellado, y cuatro importantes diputados. El jefe de la oposición y secretario general del Partido Socialista, Felipe González, el vicesecretario general del Partido Socialista, Alfonso Guerra, el Secretario General del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, y el ministro de Defensa y Presidente de la Unión de Centro Democrático, Agustín Rodríguez Saúl. Vigésimo V. De manera bien reveladora, solo algunos medios se opusieron al golpe. Así, a las 9 de la noche, el diario El País puso en la calle una edición especial posicionándose contra el golpe con un titular en primera plana que afirmaba el país con la Constitución. Lo mismo sucedió con la cadena Ser, que iría informando de cerca sobre lo que sucedía. Vigésto, cerca de dos horas después del asalto al Congreso de los Diputados, Juan García Carrés comunicó al Teniente Coronel Tejero que la segunda región militar, Sevilla, la tercera, Valencia, la cuarta, Barcelona y la quinta, Zaragoza, se habían sublevado también y apoyaban el nombramiento de Jaime Milans del Bosch como presidente del gobierno. Vigimo VII. Poco después, García Carrés informó a Tejero de que la primera región militar, Madrid, y las capitanías generales de Baleares y de Canarias eran dudosas. En paralelo, la VIIa Región Militar, Valladolid, y el jefe de la zona marítima del Mediterráneo, Capitán General Juan Carlos Muñoz Delgado y Pinto, le transmitieron al rey que estaban a su disposición para lo que deseara. VIIVII. La V Región Militar, Zaragoza, tenía una especial importancia porque ese día se encontraban en la capital aragonesa varias unidades de la división acorazada Brunete, realizando prácticas de tiro. Sin embargo, al final no apoyó el golpe. VIX noveno. A las 9 de la noche, un comunicado del Ministerio del Interior informaba de la constitución de un gobierno provisional con los subsecretarios de todos los ministerios, presidido por Francisco Laína, director de la Seguridad del Estado, para asegurar la gobernación del Estado y en estrecho contacto con la Junta de Jefes de Estado Mayor. Trigésimo. En paralelo, otro general golpista, Torres Rojas, fracasaba en su intento de suplantar en el mando de la división acorazada Brunete al general Just. De esta manera quedó abortada la pretensión de ocupar los puntos estratégicos de la capital de España, entre ellos la sede de radio y televisión y la difusión de un comunicado que afirmara el éxito del golpe. Trigésimo I. En paralelo, el rey Juan Carlos fue telefoneando desde el Palacio de la Zerzuela a los distintos jefes militares para disuadirlos de sumarse al golpe. Aunque algunos eran claramente partidarios de respaldarlo, todos y cada uno de ellos abandonaron la posibilidad de sumarse al golpe a instancias del rey. Trigés II, la figura del rey también fue esencial para impedir que el general Armada lo consumara. Se negó a recibirlo en la zarzuela, mientras el jefe de la Casa Real insistía ante las llamadas de distintos mandos militares en que en la zarzuela Armada ni estaba ni se le esperaba. Trigésimo III, ante la imposibilidad de entrar en la zarzuela, Milans llamó a Armada hacia las 10 de la noche y le propuso una variante de plan original consistente en que Armada acudiera al Congreso y negociara el previsto gobierno de unidad a cambio de la liberación de los diputados y la revocación del estado de excepción de Milans Del Bos. Armada llamó a la zarzuela para pedir su respaldo al plan y Fernández Campo le prohibió hablar en nombre del rey. Trigés IV. A las 12-10 de la noche, Alfonso Armada se presentó en el Congreso para convencer al teniente coronel Tejero y asumir el papel de jefe del gobierno a las órdenes del rey. Para sorpresa de Tejero, Armada no le propuso una junta militar presidida por Milans o un gobierno en el que Milans fuera ministro de Defensa, sino una lista de políticos de todos los partidos con el propio Alfonso Armada como presidente del Gobierno, Felipe González como vicepresidente para asuntos políticos, los socialistas Gregorio Pérez Barba en Justicia, Enrique Múgica en Sanidad y Javier Solana en Transportes, y entre los representantes del Partido Comunista a Jordi Soletura en Trabajo y a Ramón Tamames en Economía, que formarían un Gobierno de concentración. In este Gobierno estarían también presentes el aliancista Manuel Fraga en Defensa, los centristas Pío Cabanillas en Hacienda, José Luis Álvarez Álvarez en Obras Públicas, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón en Educación, and Agustín Rodríguez Sagún en Industria. Además, aparecerían el presidente de la empresarial COE, Carlos Ferrer Salat, en Comercio, el director de la Agencia EF, Luis María Ansón, en Información, el abogado Antonio Garrigues Walker in Cultura, el banquero José María López de Letona, como vicepresidente para asuntos económicos, José María de Areilza in asuntos exteriores, and dos militares, el general José Antonio Sáenz de Santamaría en Autonomías y el general Manuel Saavedra Palmeiro en Interior. Trigésimo V. Ante la propuesta de Armada, Tejero le respondió: mi general, yo no he asaltado el Congreso para esto. Además, Tejero impidió a Armada dirigirse a los diputados, y el general salió del Palacio de las Cortes diciendo de Tejero, este hombre está completamente loco. Una vez más, la torpeza innegable y rampante de Tejero imposibilitó que el golpe pudiera triunfar. Trigés VI. A la una de la madrugada del 24 de febrero, con los capitanes generales bajo control, el rey Juan Carlos, vestido con uniforme de capitán general de los ejércitos, se dirigió a la nación por televisión para situarse en contra de los golpistas y defender la Constitución. IVII. Poco después de la declaración del rey, Milans del Bosque dio la orden de regresar a sus unidades a los cuarteles. 38. La toma del Congreso terminó a mediodía del día 24. Previamente se había suscrito el Pacto del Capó que eximía de responsabilidad penal a los guardias civiles que habían participado en el golpe y que en no pocos casos habían salido ya huyendo por las ventanas del Congreso. Irigés noveno. Resulta especialmente notable la reacción de las distintas instancias internacionales ante el golpe. Mientras que las naciones de la Comunidad Economic European lo condenaron con enorme contundencia and the Prime Ministro Britannica lo qualificó de action terrorista, el entonces Secretario de State norteamericano Alexander Hay declaró ante la prensa that no pasaba de ser un asunto interno español. No menos significativo was that the president Ronald Reagan no encontraron para llamar al rey e interesarse por el golpe hasta bien entrada la mañana del 24 de febrero, cuando ya todo había terminado. Cuadragésio. También reveladora fue la actitud de la Conferencia Episcopal. Los obispos españoles se hallaban reunidos en Asamblea Plenaria al desencadenarse el golpe. Lejos de emitir un comunicado defendiendo un régimen constitucional que les había dado todo, a las ocho decidieron suspender la Asamblea y no hacer absolutamente nada a pesar de recibir una propuesta para que emitieran un comunicado condenando el golpe. De hecho, el portavoz de los obispos anunció que los obispos rezaban sin aclarar, por supuesto, si elevaban sus precios al Altísimo para que el golpe fracasara o para que triunfara. La Asamblea volvió a reunirse al mediodía siguiente cuando resultaba ya más que obvio que el golpe había terminado en un rotundo fiasco. Solo entonces un comunicado de los obispos se manifestó contrario a la intentona que había sido abortada totalmente unas horas antes. 4. El Tribunal Supremo condenó a 30 años de cárcel a Milans del Bos, Tejero y Alfonso Armada, como principales responsables del golpe de Estado. Todas las penas finalmente fueron reducidas por otras, situadas entre uno y siete años, menos la de Tejero, que fue de XV. En total, 12 miembros de las Fuerzas Armadas, 17 miembros de Fuerza de Argentina. De la Guardia Civil y un Civil fueron condenados. Salvo Tejero, el rostro brutal del golpe, todos los miembros fueron indultados o puestos en libertad antes del año 1990. 42. Los análisis de los servicios de inteligencia posteriores al golpe resultan también de notable importancia. Por ejemplo, el cónsul americano en Barcelona informó de que el golpe beneficiaba a los nacionalistas catalanes en general y a su entonces jefe Jordi Pujol en particular, porque lo iban a aprovechar para instar a que se llevara a cabo una purga en el ejército y en las fuerzas de seguridad del Estado. 43o. El embajador americano Todman informaría de que el sistema funciona y señalaría que el rey Juan Carlos era el hombre imprescindible. 44. Todman despachó a oficiales de la Embajada Americana para sondear los ánimos de los comunistas. Su interlocutor sería Manuel Azcárate, Secreto de Política Internacional del Comité Central del Partido Comunista y Eurocomunista Convencido. Azcárate discutió con los americanos la posibilidad de que la fallida intentonagolpista sirviera al Partido Comunista de Balón de Oxígeno frente a la intransigencia prosoviética de los comunistas catalanes del Partido Socialista Unificado de Cataluña. Azkárate no dejó de elogiar la figura del rey. 45. Los norteamericanos se quedaron sorprendidos de que en el seno de la Unión de Centro Democrático tras el golpe hubiera enfrentamientos internos de una enorme acritud entre los demócratas cristianos y los socialdemócratas. 46. Los agentes americanos supieron también que la Unión de Centro Democrático andaba en tratos con los nacionalistas para suavizar el proceso autonómico, algo a lo que los nacionalistas catalanes se mostraron más receptivos que los vascos. Y 47, por su parte, el Partido Socialista informó a los americanos de que intentaba formar un gobierno de coalición con la Unión de Centro Democrático de Calvo Sotelo, algo que éste rechazó y que ahora no era el momento adecuado para entrar en la OTAN. A pesar de todo, los agentes americanos llegaron a la conclusión de que los socialistas aceptarían la entrada de España en la OTAN sin protestar demasiado. A 45 años de distancia y tras la disposición hoy de Pedro Sánchez en el sentido de desclasificar toda la documentación sobre el 23F, el golpe de Estado sigue constituyendo un recuerdo indispensable e incómodo, y lo es por toda la desagradable y aleccionadora realidad que dejó al descubierto. Durante años, el golpe se presentó como un ejemplo de resistencia del rey frente a un conjunto de militares involucionistas que salvó la democracia e impidió la instauración de una dictadura militar al estilo de la griega, la argentina o la chilena. Había razones más que sobradas para creer esa versión, porque efectivamente el rey desactivó el golpe, porque entre los participantes, incluyendo el propio tejero, había gente con esos objetivos, y porque los partidos, los sindicatos y en general la población española, se replegaron sobre cogidos de miedo y no reaccionaron lo más mínimo. No fueron, desde luego, escasos los que cruzaron incluso la frontera huyendo de una posible reedición del franquismo. Sin la actuación del rey, sin duda, el golpe había triunfado con nefastas consecuencias. Pero esa versión de los hechos, que en no escasa medida se corresponde con la realidad, ya comenzó a ser alterada hace década y media cuando con Rodríguez Zapatero se aprobó una declaración institucional en la que se difuminaba el papel del rey y se hablaba de la oposición de los sindicatos, los partidos políticos y el pueblo al golpe, lo que, dicho sea de paso, constituía una flagrante y descarada mentira. A esa falacia se sumó desde el principio la versión interesada de una extrema derecha frustrada que culpó del fracaso del golpe no a la manifiesta incapacidad de los militares para conseguir lo que habían conseguido sus colegas en el cono sur o en Grecia, a la incompetencia rampante de los encargados del golpe o a la torpeza ridícula de un tejero incapaz incluso de desconectar las cámaras de televisión, sino a un rey supuestamente traidor. Así, felones incapaces e incompetentes, que ni siquiera sabían leer las señales de los tiempos en que vivían, fueron presentados como hombres de honor traicionados por el monarca. Como la versión de Rodríguez Zapatero, esta también era interesada, absurda y falsa. La realidad es que, frente a desafíos reales como la crisis económica, el desbordamiento autonómico o el terrorismo de ETA, los partidos políticos, los sindicatos y las élites nacionales como el mundo financiero o la Iglesia Católica demostraron su absoluta incompetencia para dejar atrás sus intereses particulares y buscar el bien común. Ante esa situación, un grupo de militares no especialmente inteligente pensó en la posibilidad de rehacer la historia de 1936 y dar un golpe de Estado para instaurar una junta militar. En paralelo, el general Armada creyó llegado el momento de alcanzar la presidencia del Gobierno en un remedio torpe y a la española de lo que había sido el regreso al poder del general de Gaulle en Francia, sobrenadando sobre las ansias de los involucionistas. Que ese golpe se estaba fraguando a espaldas de los españoles lo supieron instancias políticas y sindicales, el gobierno de los Estados Unidos y la Santa Sede, pero todos decidieron esperar a que se llegara a la conclusión, sin importarles lo más mínimo, el futuro de España o de los españoles, sino sus propios intereses. Si finalmente España no se vio sumida en los horrores de una dictadura militar y volvió a hundirse en el túnel de la historia, se debió fundamentalmente a la acción del rey que impidió que triunfara el golpe. Un golpe que, después de que Tejero entrara como una bestia parda en el Congreso, nadie, absolutamente nadie, podía respaldar. Armada al frente de un gobierno de concentración nacional, pudo ser una opción que contara con la quiescencia y quizá incluso el respaldo del monarca e incluso de un sector de los servicios de inteligencia. Pero un energúmeno disparando al techo del Congreso con el respaldo de militares involucionistas era una peste de la que había que huir, y efectivamente así sucedió. Que el rey detuviera y desactivara el golpe constituyó una acción que nunca sería perdonada por una extrema derecha que ansiaba la imposible resurrección de Franco, por unos partidos y unos sindicatos que se escondieron como conejos durante el golpe, por una extrema izquierda que sueña con el final del sistema político de 1978, y por unos nacionalistas catalanes y vascos que demostraron la cobardía histórica y la codicia ciega que siempre los ha caracterizado. Ante una España cuyas élites han ido contribuyendo a convertir en invivible el recuerdo de lo que realmente sucedió el 23F resulta incómodo, y lo es porque pone de manifiesto la inmensa fragilidad de las instituciones, la torpeza tercermundista de las Fuerzas Armadas y de los servicios de inteligencia, el egoísmo hondo de los partidos, de los sindicatos y de la Iglesia Católica, y el miedo cerval del pueblo a arriesgarse lo más mínimo para defender la libertad. Entre el desastre y la simple normalidad se alzó entonces la figura de un rey cuya conducta se revelaría después muy poco ejemplar, pero que a la sazón resultó decisiva y positiva. Hoy en día, con los terroristas en las instituciones, mantenidos con el dinero que los sicarios de la agencia tributaria sacan de los bolsillos de los contribuyentes, con los nacionalistas catalanes defendiendo un golpe de Estado pasado y planeando otro futuro, con una crisis económica todavía peor que la de los años 70, con unos partidos que viven de espaldas a la realidad y unos sindicatos traidores a los trabajadores, con una Iglesia Católica occupada in defender solo sus intereses de la manera más rapaz, con una population that no reacciona ante fenómenos como la violencia callejera, los ocupants, el saqueo ofenda, the desplome economic or the immigration discontrolled, aun than that large and triste of the 23F. And no, nobody could be in such a defence for detener the marea of the intolerable with the more efficacia that the rey. Adivinen ustedes a quién beneficia esta deuda. Les ha hablado ustedes Sarvidal desde el exilio. Que Dios los bendiga.

SPEAKER_01:

Sección patrocinada mediante crowdfunding con el siguiente mensaje en Nuestro Señor Jesucristo, el único Dios verdadero, es misericordioso y nuestro Salvador.