La Voz de César Vidal

Editorial: ¿Son los actuales israelíes descendientes de Abraham? - 27/03/26

César Vidal

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En su editorial del 27 de marzo de 2026, César Vidal analiza el origen histórico y étnico del sionismo y de los fundadores del Estado de Israel, cuestionando la idea de una continuidad directa con el pueblo semita bíblico. A partir de estudios como los del lingüista Paul Wexler, expone la tesis de que gran parte de los judíos ashkenazíes procederían de conversiones medievales —especialmente del pueblo jázaro— y no de descendencia directa de Abraham.

El programa repasa numerosos ejemplos de líderes históricos del sionismo y del Estado de Israel, señalando su origen europeo y el cambio de nombres como parte de un proceso de construcción identitaria. César Vidal sostiene que el sionismo surge como un movimiento político moderno, desvinculado en gran medida de la tradición religiosa judía y con implicaciones geopolíticas que, según su análisis, derivan en un conflicto histórico con la población árabe de Palestina.

Asimismo, aborda la crítica religiosa al sionismo desde el Nuevo Testamento y desde sectores del propio judaísmo, cuestionando su legitimidad espiritual y moral. El editorial concluye reflexionando sobre el uso de la historia como herramienta política y alertando sobre los riesgos de su manipulación en conflictos internacionales actuales.

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Saludo Desde El Exilio

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Gracias.

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La Voz, con César Vidal, desde el exilio.

Wexler Y El Origen Asquenazí

Fundadores Sionistas Y No Semitas

Expulsión En Palestina Y Relato Invertido

El Sionismo Como Proyecto Colonial

Lectura Del Nuevo Testamento

Críticas Judías Y Advertencia Global

Cierre Con Deuda Y Guerra

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Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches y sobre todo muy bienvenidos a esta nueva singladura de La Voz. Soy César Vidal, hoy es el viernes 27 de marzo de 2026 y me dirijo a los hispanoparlantes de ambos hemisferios, a los situados a uno y otro lado del Atlántico y del Pacífico y, como siempre, lo hago desde el exilio. Corría el año 1993 cuando Paul Wexler, profe profesor de lingüística en la Universidad de Tel Aviv, en Israel, publicó un libro titulado The Ashkenazic Jews, A Slavo-Turkic People in Search of a Jewish Identity. es decir, los judíos askenasíes, un pueblo eslabotúrquico en busca de una identidad judía. En este y en otros trabajos, el profesor Wexler demostraría de manera documentada y contundente que los judíos actuales no son un pueblo semita que desciende de Abraham, sino una comunidad religiosa con distintos trasfondos étnicos y en la que los semitas constituyen un porcentaje realmente diminuto. En el caso de los judíos askenasíes evidentemente no son semitas, sino que proceden de la conversión de los házaros al judaísmo que tuvo lugar en la Edad Media, una tesis adelantada ya por otros autores judíos célebres como Arthur Kessler. De esa manera, los askenasíes proceden de estratos raciales iranios, turcos y eslavos, pero no semitas. Tampoco los sefardíes tendrían una conexión racial con Abrán, sino más bien con poblaciones no judías procedentes del norte de África, convertidas al judaísmo en el curso de la Edad Media y llegadas posteriormente a España. Aunque Wexler no pretendía ir más allá del análisis lingüístico e histórico, su obra, magníficamente desarrollada y que se extendería a estudios sobre el origen del idish o la configuración del hebreo moderno, rezuma consecuencias de carácter social y político. En las últimas horas hemos tenido nuevas noticias sobre el carácter no judío ni semita de los fundadores del Estado de Israel. Sin ánimo de ser exhaustivos, los hechos son los siguientes. Primero, los primeros sionistas y fundadores del Estado de Israel no eran racialmente semitas ni descendían, a diferencia de los judíos originales o de los árabes actuales, de Abraham. Segundo, en realidad se trataba de Askenasíes que en su aplastamiento mayoría eran ateos y que cambiaron su nombre no judío para ocultar esa evidente realidad. Tercero, al respecto los ejemplos abundan, comenzando por David Ben-Gurion, primer ministro y ministro de defensa de Israel, cuyo verdadero nombre era David Nguyen y nació en Rusia. Cuarto, Fue también el caso del ministro de Asuntos Exteriores israelí Moshe Sharet, cuyo verdadero nombre era Moshe Shartok y había nacido también en Rusia. Quinto, fue el caso también de Golda Meir, primera ministra israelí, que en realidad se llamaba Golda Mabovich y había nacido en Kiev, la actual capital de Ucrania, que entonces era parte de Rusia. Sexto, fue el caso también de Isaac Shamir, ministro de Asuntos Exteriores y primer ministro de Israel, nacido en Polonia y que en realidad se llamaba Iskat Jesierniki. Séptimo, fue el caso también de Ariel Sharon, primer ministro de Israel, cuyo verdadero nombre era Ariel Sneinerman y había nacido de una familia de origen ruso. Octavo, fue el caso también de Isaac Benetzvi, segundo presidente de Israel, que se llamaba en realidad Isaac Shinchelevich y había nacido en Ucrania, que entonces era una región de Rusia. Noveno, fue el caso también de Menahem Begin, primer ministro de Israel y fundador del Dikud, cuyo verdadero nombre era Miesislav Viegún y había nacido en Bredlitos, que entonces era parte de Rusia. Décimo, fue el caso también de Levi Escol, tercer primer ministro de Israel, que se llamaba en realidad Levi Escolnik y había nacido en Ucrania a la sazón parte de Rusia. Un décimo, fue el caso de Pinjas la Bond, ministro de defensa, que en realidad se llamaba Pinchas Lubyaníkar y que había nacido en Ucrania, entonces región de Rusia. Duodécimo, fue el caso de David Remes, primer ministro de transporte de Israel, que en realidad se llamaba David Drankin y había nacido en Bielorrusia, a la sazón una región de Rusia. Décimo tercero, fue el caso también de Salman Shasar, tercer presidente de Israel, que en realidad se llamaba Sneu Salman Rubashov y había nacido en Rusia. Décimo cuarto. Fue el caso también de Abraham Granor, director del Fondo Nacional Judío, cuyo nombre real era Abraham Granowski y había nacido en Moldavia. Décimo quinto. Fue el caso también de Simón Pérez, octavo primer ministro de Israel y noveno presidente, que en realidad se llamaba Simón Perski y que había nacido en Polonia. Décimo sexto. Fue el caso también del dirigente sionista e inspirador del Likud, Seed Jabotinsky, que se llamaba en realidad Vladimir Yevgenievich Jabotinsky y que había nacido en Polonia. De manera bien significativa, al cambiarse el nombre, adoptó el Deseb, que significa lobo en hebreo. Décimo séptimo. Fue el caso de Israel Galili, ministro de gobierno y jefe del Estado Mayor de la Hágana, que en realidad se llamaba Israel Berchen y había nacido en Ucrania, entonces parte de Rusia. Décimo octavo, fue el caso también de Meir Amit, jefe del Mossad, que en realidad se llamaba Meir Slutsky, era de padres rusos y nació en lo que entonces se llamaba Palestina en 1922. Décimo noveno, fue el caso también de Meir Argov, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia de Israel, cuyo nombre verdadero era Meyer Grabowski, y había nacido en Moldavia, entonces parte de Rusia. Vigésimo, fue el caso de Pinchas Rosen, otro firmante de la Declaración de Independencia, cuyo verdadero nombre era Felix Rosenblut y había nacido en Alemania. 21. Fue el caso también del general Yitzhak Rabin, primer ministro israelí nacido en Palestina, cuyo nombre real era Nehemiah Rubichov, al proceder de una familia de inmigrantes ucranianos. 22. Fue el caso de Efraín Kachir, el cuarto presidente del Estado de Israel y viceprimer ministro, cuyo nombre real era Efraín Karchalsky, nacido en Kiev, actual capital de Ucrania. XXIII fue el caso también de Abba Eban, ministro de Asuntos Exteriores, cuyo nombre real era Aubrey Solomon Meir Eban, nacido en África del Sur de padres lituanos. 24. Fue el caso también del general Jaim Barlev, cuyo nombre real era Jaim Broslevski y había nacido en Austria. 25. Fue el caso de Israel Ben Yehudá, que desempeñó diversas carteras ministeriales y había nacido en Ucrania bajo el nombre de Israel Idelson. 26. Fue el caso también de Gerson Scholem, el estudioso de la Cábala, que emigró a Palestina en 1923, siendo su verdadero nombre Gerhan Scholem, porque había nacido en Alemania. 27. Fue el caso también del poeta más importante de Israel, Yehudá Amihai, que se llamaba en realidad Ludwig Feufa y había nacido en Alemania. Vigésimo noveno fue el caso también del historiador Benchion Netanyahu, padre del actual primer ministro Benjamín Netanyahu, que en realidad se llamaba Benchion Mileikowski y había nacido en Polonia. Vigésimo noveno fue el caso de Aaron Barak, presidente del Tribunal Supremo de Israel y fiscal general, cuyo nombre real era Aaron Brick y había nacido en Lituania. Trigésimo, fue el caso de Yehudá Mital, rabino sionista, ministro y presidente del Yeshivat Har Etion en Cisjordania, que en realidad se llamaba Yehudá Klein y había nacido en Rumanía. 31. Fue el caso también de Ehud Barak, primer ministro de Israel y jefe de su Estado Mayor, que en realidad se llamaba Ehud Brok y era hijo de una familia de inmigrantes rusos. 32. Fue el caso también de Rachel Cohen Kagan, una de las dos únicas mujeres que firmaron la declaración de independencia y cuyo verdadero nombre era Rachel Lubersky y había nacido en Ucrania, entonces una región de Rusia. 33. Tercero, fue el caso igualmente de millares y millares y millares de sionistas que se establecieron en Palestina, que no tenían una sola gota de sangre de Abraham circulando por sus venas, que no eran judíos practicantes sino mayoritariamente ateos y que tras emigrar en la mayoría de los casos ilegalmente a Palestina, se permitieron expulsar a sus habitantes en su mayoría de origen árabe y por lo tanto semitas. Y trigésimo cuarto sigue siendo el caso del actual Estado de Israel que pretende presentar como verdugos a las víctimas de una limpieza étnica salvaje y presenta a los verdugos venidos de fuera de los habitantes de Palestina como víctimas de la maldad de los demás en un ejercicio de impostura histórica verdaderamente pasmoso. El sionismo es una creación de finales del siglo XIX que pretendía la creación de un Estado judío río, por lo tanto racial, en Palestina, tras haber rechazado otras posibilidades territoriales como Argentina o Angola. De manera bien reveladora, ese sueño de ocupación colonial de una tierra que pertenecía a otra potencia y que se hallaba poblada desde hacía siglos por pobladores semitas, surgió entre gente que se definía como judía, pero que no descendía de Abraham, sino de una tribu túrquica, los házaros, convertida al judaísmo en la edad media y que, por añadidura, en su inmensa mayoría eran ateos o al menos judíos no practicantes. Irónicamente, Palestina era reivindicada como el lugar de un futuro Estado por gente que no descendía de Abraham y que, para colmo, ni siquiera podían apelar a un judaísmo que no practicaban y que, dicho sea de paso, desde el principio se opuso al sionismo por considerarlo la herejía blasfema de unos ateos que pretendían su implantar humanamente la obra del Mesías. Desde el punto de vista del Nuevo Testamento, era obvio que aquellos judíos procedentes en su aplastante mayoría del este de Europa y, en menor medida, del centro del continente europeo, no podían ser jamás Israel. Y no podían serlo porque, como señala el capítulo tercero del Libro de los Hechos, los judíos que no han creído en Jesús como Mesías han sido desarraigados del pueblo de Israel en que cumplimiento de la profecía de Moisés contenida en el capítulo 18 del libro de Deuteronomio. Esa idea aparece repetida una y otra vez a lo largo de las páginas del Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando Pablo de Tarso, en su carta a los Gálatas, capítulo 3, señala que sólo son descendencia de Abraham y herederos de las promesas que Dios le entregó a aquellos que creen en Jesús como Mesías e Hijo de Dios. O en el capítulo 11 de su carta a los romanos, donde afirma que los judíos que no han aceptado al Mesías Jesús han sido arrancados del olivo israelí. Esa visión aparece también repetida por el apóstol Juan en el Apocalipsis, donde indica cómo aquellos que han rechazado al Mesías Jesús pueden afirmar ser judíos, pero para Dios no lo son. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la legitimidad del sionismo resulta por lo tanto igual a cero. Pero lo mismo sucede en la actualidad con multitud de grupos religiosos judíos que acusan al sionismo de separar a los judíos de su verdadera identidad, basada en el cumplimiento de la ley de Moisés, tal y como la interpreta el Talmud, al sustituirla por una visión nacionalista que choca con no pocos de los principios morales contenidos en la Torah. Con todo, más allá de los planteamientos morales y espirituales recogidos en el Nuevo Testamento, o en el judaísmo, no deja de causar pasmo que un grupo de askenasíes, descendientes de un grupo étnico túrquico, nacidos en el este de Europa y que tuvieron que cambiarse el nombre para parecer judíos, hayan llegado a convencer a buena parte del mundo de que son descendientes de Abraham, de que tienen derecho a desalojar de una tierra a sus habitantes de siglos, de que pueden expandirse territorialmente a costa de las naciones de alrededor y de que incluso son la encarnación de un pueblo al que no pertenecen ni racial ni históricamente. Si el género humano es capaz de dejarse engañar así, el día menos pensado aceptará, por ejemplo, que gente venida del norte de África se anexione España, Portugal o Italia simplemente porque hace menos siglos que cuando desapareció el reino de Judá en el siglo I d.C. ocuparon algunas partes territoriales de esas naciones. naciones. Y podrán ocuparlas recurriendo a dos armas como las utilizadas por el sionismo. Primero, la terrible tergiversación de la historia. Y segundo, una inmigración ilegal que vaya desplazando a los habitantes del lugar hasta sustituirlos. Pero no se dejen llevar por el desánimo o la frustración. Y es que a pesar de que los poderosos muchas veces parecen gigantes, es solo porque se les contempla de rodillas. Y ya va siendo hora de ponerse en pie. Mientras tanto, en el tiempo que han necesitado ustedes para escuchar este editorial, la deuda pública española ha aumentado en cerca de 7 millones de euros. Y por cierto, cuando acabe el día, los ciudadanos americanos habremos visto cómo se nos han despojado de otros mil millones de dólares en una guerra como la de Irán, en la que lo único que se persigue es satisfacer las ambiciones imperiales de gente que dice descender de Abraham a pero que en realidad proceden del centro de Asia. Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches. Les ha hablado César Vidal desde el exilio. Que Dios los bendiga.

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