La Voz de César Vidal

Editorial: Los daños morales sufridos por los soldados israelíes - 20/04/26

César Vidal

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En este editorial, César Vidal analiza el impacto moral y psicológico de la guerra en Gaza a partir de testimonios de soldados israelíes recogidos por el diario Haaretz. A través de relatos directos, se expone cómo muchos militares han participado o presenciado acciones que consideran crímenes de guerra, generando lo que los expertos denominan “lesiones morales”: culpa, vergüenza, pérdida de identidad y traumas profundos.

El programa aborda casos concretos de ejecuciones de civiles desarmados, abusos a prisioneros, saqueos y uso de escudos humanos, así como el silencio institucional y la negativa del gobierno y del ejército israelí a reconocer estos hechos. También se analiza la presión social y política que impide a los soldados denunciar o incluso hablar de lo ocurrido.

César Vidal establece paralelismos históricos y reflexiona sobre cómo estas acciones afectan no solo a las víctimas directas, sino también a quienes las ejecutan, cuestionando el relato oficial sobre la moralidad del ejército israelí.

Un análisis crítico sobre guerra, ética, propaganda y las consecuencias humanas de los conflictos armados.

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Saludo Y Marco Del Editorial

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Gracias.

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La Voz, con César Vidal, desde el exilio.

Hossenfeld Y La Brújula Moral

Haaretz Y El Caso Yuval

Qué Es La Lesión Moral

Maya Y La Normalización Del Horror

Yehudá, Goya Y El Derrumbe

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Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches y sobre todo muy bienvenidos a esta nueva singladura de La Voz. Soy César Vidal, hoy es el lunes 20 de abril de 2026 y me dirijo a los hispanoparlantes de ambos hemisferios, a los situados a uno y otro lado del Atlántico y del Pacífico y, como siempre, lo hago desde el éxito. Corría el año 2009 cuando el Museo Israelí del Holocausto, el Yad Vashem, concedió la consideración de justo entre las naciones a Wilhelm Hossenfeld, un oficial del ejército alemán que había ayudado a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y que sería mundialmente famoso al aparecer en la película El pianista. Hossenfeld, uno de los 460 alemanes reconocidos por el Yad Vashem, estuvo en Varsovia durante la ocupación nazi desde el año 1940 a 1944. Hossenfeld se había afiliado al partido nazi en 1935 y había entrado en el ejército poco antes de que Alemania invadiera Polonia en 1939. Durante su estancia en Varsovia, Hossenfeld registró la brutalidad de los ocupantes alemanes contra la población polaca y judía de la zona en sus diarios y cartas. En una de ellas escribió en relación con las atrocidades perpetradas por los una maldición eterna, y estaremos cubiertos por siempre de vergüenza. Avergonzado por aquellas acciones perpetradas por el ejército al que pertenecía, Hossenfeld arriesgó su vida para salvar al pianista Andréi Spielmann y a otro judío llamado Leo Warn, al entregarles documentos falsos y ayudarlos hasta el final de la guerra. Pero eso fueron solo dos ejemplos de otras personas a las que ayudó desde el inicio del conflicto, independientemente de su origen, religión o raza. Miembro del partido nazi y de un ejército indudablemente agresor, Hossenfeld no permitió que esas dos circunstancias interfirieran con su sentido moral y colocó por encima de las órdenes recibidas unos principios éticos que lo impulsaron a aborrecer la idea de un castigo colectivo, a negarse a llevar acciones cuyas víctimas fueran civiles y a arriesgar su propia vida para salvar la de distintas personas. En las últimas horas hemos tenido nuevas noticias noticias sobre el impacto que está teniendo sobre los soldados israelíes los crímenes de guerra cometidos por el ejército del Estado de Israel en Gaza. Sin ánimo de ser exhaustivos, los hechos son los siguientes. Primero, el medio israelí Haaretz ha publicado un reportaje de Tom Levinson titulado Me sentía como un monstruo, donde analiza el efecto traumático que está teniendo sobre los soldados israelíes los crímenes de guerra cometidos por el ejército del Estado de Israel en Gaza. Segundo, el primer caso relatado en el reportaje es el de un soldado israelí al que se le da el nombre de Yuval. Yuval no nació en una familia dedicada al crimen y no es un delincuente. Tiene 34 años, creció en Ramat Hasharon, un barrio de Tel Aviv, y se convirtió en programador informático. Hasta hace poco trabajaba en una de las mayores empresas de alta tecnología del mundo, pero hace meses que no va por allí. La razón es su paz por lo que denomina el infierno. Tercero, ese infierno es Gaza, y lo que hizo allí hasta el punto de llevarle a afirmar, no hay perdón para lo que he hecho, no hay expiación. Así, cerca de la carretera de Salah al-Din, la principal autopista de Gaza, una sección del ejército de Israel avistó a unas figuras sospechosas. La unidad de Jubal cargó contra ellas. Según su testimonio, disparaba como un loco tal y como te enseñan en los ejercicios de sección durante el entrenamiento básico. Cuando llegamos a nuestro destino, me di cuenta de que no eran terroristas. Eran un anciano y tres chicos, quizá adolescentes. adolescentes. Ninguno de ellos iba armado, pero sus cuerpos estaban acribillados a balazos, se les salían los órganos. Nunca había visto nada parecido tan de cerca. Cuarto, Yuval añade en su testimonio que entonces se acercó el comandante del batallón con su gente y uno escupió sobre los cadáveres y gritó, esto es lo que le pasa a cualquiera que se meta con Israel, hijo de puta. Estaba en estado de shock, pero me quedé callado porque soy un perdedor, un cobarde. Sin agallas. Quinto, Yuval fue dado de baja unos tres meses después. Se tomó dos semanas de descanso y volvió a su trabajo. Durante unos meses intentó aferrarse al mismo para escapar del peso que llevaba en el corazón, pero acabó rindiéndose. Y la sensación de vergüenza no ha hecho más que emperar desde entonces. Sexto, Yuval afirma en el reportaje que no me suicido porque se lo prometí a mi madre, pero admito que no sé cuánto tiempo podré aguantar así. Dos días después de hablar con Haaretz, Yuval fue ingresado en una unidad psiquiátrica. Séptimo. Ya el año pasado, Haaretz informó sobre soldados israelíes que combatieron en Gaza y que sufrieron las denominadas lesiones morales. Fue, por ejemplo, el caso de un francotirador que disparó a personas que buscaban ayuda y que sufría pesadillas severas o el de operadores de drones que causaron la muerte de civiles. Octavo. El profesor Gil Salzman director del Consejo Nacional de Israel para la Prevención del Suicidio, señalan al reportaje de Haaretz que estamos viendo lesiones morales de un alcance mucho mayor que nunca. Lo hemos observado en nuestras clínicas de trauma y en clínicas privadas. Incluso lo hemos visto en los hijos de reservistas que han oído alguna historia y están angustiados por lo que han hecho sus padres. Ha llegado a la segunda línea. Noveno. El ejército y el gobierno del Estado de Israel no han facilitado cifras, pero desde el alto el fuego de octubre en Gaza, el número de personas que buscan ayuda por lesiones morales va en aumento según Salzman. A veces se clasifica a estos pacientes como afectados por trastorno por estrés postraumático, pero el daño moral es algo diferente. Décimo, según el profesor Josie Levy-Belts de la Universidad de Haifa, el daño moral se produce debido a la exposición a incidentes que se perciben como una violación fundamental de los valores morales básicos, propios o ajenos, y suele implicar sentimientos de culpa, vergüenza, rabia, repugnancia, alienación, pérdida de fe y un colapso de la identidad, el sentido y el sentido de la humanidad. Un décimo. El daño moral, según Levi-Belts, puede producirse cuando alguien hace algo o es testigo de algo que viola de manera flagrante su código moral. La gravedad del daño puede ser mayor cuando la persona no intentó detener a la otra y cuando esa otra persona era una figura de autoridad. Duodécimo. Otro caso mencionado en el reportaje de Haaretz es el de Maya, que vive en el centro de Tel Aviv, estudia filosofía y durante la guerra de Gaza prestó servicio durante cientos de días como oficial de recursos humanos en un batallón del cuerpo blindado de la reserva. Décimo tercero. Maya afirma que durante la guerra fui testigo del asesinato de personas inocentes, cosas impactantes que si las hubiera leído en Haaretz me habrían hecho gritar, pero en el servicio de reserva me pasaban por alto como si no fueran nada. Décimo cuarto. Maya cita un incidente en un puesto avanzado del ejército israelí en el sur de Gaza, cuando de repente los soldados de guardia vieron a cinco palestinos cruzando la línea que no podían cruzar en dirección al norte de Gaza. El comandante del batallón dio la orden de acribillar los abalazos, aunque no se había confirmado que estuvieran armados ni nada por el estilo. Un tanque empezó a dispararles con su ametralladora. Cientos de balas. Décimo quinto. Según el testimonio de Maya, cuatro de los cinco palestinos murieron. Unas horas más tarde, un de nueve los enterró en la arena. Cuando pregunté por qué me dijeron que era para que los perros no se los comieran y propagaran enfermedades. Al que sobrevivió lo metieron en una jaula en el puesto de control y dijeron que teníamos que esperar a que viniera un agente del Shin Bet para interrogar. Décimo sexto. Ese día no vino ningún interrogador del ser servicio de seguridad del Shin Bet. Maya relata. Pasé la noche en el puesto avanzado, pero no pude conciliar el sueño. Era la única chica allí. De repente unos soldados me llamaron, así que fui con ellos a la jaula. El palestino estaba allí sentado, esposado y con los ojos vendados, y parecía estar helado de frío. De repente, uno de los soldados se sacó el pene y empezó a por Nova. Nadie podía dejar de reírse. Puede que yo también me riera. Décimo séptimo. Al día siguiente, según el testimonio de Maya, llegó un interrogador del Shinbe. Estuvo con él unos diez minutos y dijo que solo era un tipo que intentaba volver a su casa en el norte de Gaza, que no tenía nada que ver con Hamas. Décimo octavo. Maya señala a continuación. Me sentía como una hipócrita, sucia. Me duchaba tres veces al día. La imagen de su impotencia no me abandonaba. Los pensamientos me atormían experimentan constantemente.¿Cómo pude quedarme ahí parada sin hacer nada?¿Cómo pude yo, alguien que se comporta de forma tan moral, que hace voluntariado con refugiados y va a manifestaciones, aceptar el seguirles el juego?¿Cómo no les dije nada y qué dice eso de mí? No tengo una respuesta. Décimo noveno. El siguiente testimonio en un puesto avanzado es el de Yehudá. Yehudá relata cómo una noche un palestino logró acercarse al puesto de avanzado lanzada. Según Yehudá, salimos en dos Hammers. Yo iba al mando de uno de ellos y el oficial americano del otro. Llegamos hasta el palestino y éste levantó las manos de inmediato. Era obvio que estaba desarmado. El oficial se acercó a él, esperó unos segundos y simplemente disparó sin hacer preguntas, sin que el sospechoso hiciera nada. Vigésimo, Yehudá añade, me quedé en estado de shock. Luego volvimos al puesto de control, entré en la sala de operaciones y junto con unos cuantos oficiales vi lo que se había grabado desde el aire con un tronco. Esto es un asesinato, simplemente un asesinato, dijo uno de los oficiales de más edad, pero decidieron no hacer nada, simplemente lo pusieron bajo la alfombra. Informaron al cuartel general de la brigada de que se había matado un terrorista. Ni siquiera hubo un interrogatorio. Este oficial siguió prestando servicio como si no hubiera pasado nada, y yo no le dije nada». Nadie lo mencionó ni siquiera en el proceso de evaluación al que nos sometieron al final de nuestro servicio, como si nunca hubiera ocurrido. Vigésimo primero. Dos meses después, Yehudá viajó con su mujer a Madrid y un día visitaron el Museo del Prado. De repente se encontró frente a un cuadro de Goya. Según Yehudá, no me interesaba especialmente, pero de repente me encontré junto a un cuadro suyo que muestra a un hombre indefenso con las manos en alto frente a su dados armados con rifles. Me acerqué al cuadro y me recordó exactamente lo que había pasado. La mirada en sus ojos, el miedo, el terror. Sentí que no podía dejar de mirar. Empecé a sudar. Fue horrible y de repente, sin venir a cuento, comencé a llorar. Nunca lloro y no podía entender qué me estaba pasando. Esa noche, Yehuda le prometió a su esposa que buscaría terapia cuando volvieran a Israel. Vigésimo segundo. Yehuda señala, Estoy intentando aprender a aceptarlo, pero es difícil. La vergüenza no me abandona.¿Cómo me convertí en alguien que se queda de brazos cruzados y no hace lo correcto? Vigésimo tercero. Algunos soldados afirman que su trauma moral se deriva de los métodos empleados en los combates de Gaza, muchos de ellos denunciados por primera vez por Haaretz. Varios francotiradores de la brigada Nahal, por ejemplo, dispararon a palestinos que buscaban ayuda y que habían cruzado la línea arbitraria establecida por el ejército. 24. Uno de esos soldados afirma que desde que me licenciaron sigo mojándome por las noches. Siento que me han dejado solo, que nadie puede ayudarme. Pasé un mes en el hospital. Intentaron explicarme que tenía que aceptar lo que no se puede volver atrás. Muy fácil de decir para ellos. No son ellos quienes, cada vez que cierran los ojos, ven a alguien recibiendo un aval en la frente.

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XXV.

Culpa A Distancia En La Fuerza Aérea

Negación Oficial Y Miedo A Hablar

La Caída Del Relato Del Ejército

Cierre, Advertencia Y Despedida

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Algunos soldados hablan de traumas psicológicos tras ver cómo se utilizaba a palestinos como escudos humanos o tras presenciar saqueos o actos de vandalismo. Según el testimonio de uno de estos soldados, entrábamos en las casas de los palestinos y la gente simplemente disfrutaba con la destrucción. Vigésimo sexto. Uno de los soldados afirma, he visto a gente llevarse electrodomésticos, collares de oro, dinero en efectivo, de todo. Algunos decían que todos los árabes eran nazis y que era una bendición robar a los nazis. Me repugnaba, pero no dije nada. Me dolía especialmente cuando la gente quemaba fotos de palestinos o se orinaba sobre ellas.¿De qué sirve eso? XXVII. Ese mismo soldado señala que una vez un soldado se dio cuenta de que no me sentía cómodo con eso y me dijo,¿qué te pasa? De todos modos no van a volver aquí, su historia ha terminado. No respondió. Sólo has sentido. 28. El reportaje también da cuenta de las operaciones de la unidad 504, una de cuyas tareas es interrogar a los prisioneros. Uno de los soldados, llamado Eitan, cuenta su experiencia en una acción llevada a cabo por esta unidad en el norte de Gaza. Según el testimonio de Eitan, capturamos a un agente de Hamas en una de las casas. Recibimos la orden de vigilarlo hasta que llegara el interrogador de la 504. 29. Según el testimonio de Eitan, siempre van en parejas un interrogador y un soldado de combate. Cuando llegaron, estábamos haciendo guardia en la entrada de la casa y pude oír y ver todo el interrogatorio. Eitan cuenta que en un momento dado el interrogador le quitó los pantalones y la ropa interior al prisionero. Cogió un par de bridas y le ató una al pene y otra a los testículos. Le hizo una pregunta y cuando no respondió apretó más las bridas. bridas. Lo repitieron una y otra vez. Había gritos enloquecidos. Él no dejaba de gritar como si su alma estuviera abandonando el cuerpo. Al final habló. Todo salió a borbotones y el interrogador le quitó las bridas y lo subió a un camión. Debieron de llevárselo a un centro de detención. Trigésimo. Eitan afirma que desde entonces los gritos no desaparecen. Destrozó todo lo que pensaba sobre el ejército. Todo lo que pensaba sobre sobre nosotros, sobre mí. Si somos capaces de hacer algo tan terrible sin que los civiles lo sepan,¿qué más está pasando en los sótanos?¿Qué otros secretos estamos ocultando? 31. Los expertos señalan que este tipo de lesiones psicológicas también puede afectar a personas expuestas a los combates desde la distancia. Rahn, por ejemplo, no sirvió ni un solo día en Gaza. Era oficial de la Fuerza Aérea en la Reserva, en el Cuartel General de Defensa de Tel Aviv, en una unidad responsable de planificar ataques aéreos. 32. Según Rahn, todo lo que sabía sobre daños colaterales se fue al traste. Planificábamos y obteníamos la aprobación para ataques que sabíamos que implicarían la muerte de decenas de civiles, a veces más, y eso no importaba. Lo que ocurrió fue desproporcionado. A medida que pasaban los días, esto empezó a pesarme mucho. En un momento estábamos planificando un ataque en el que morirían niños y al siguiente estábamos sentados a comer una hamburguesa en Izgavirón. Era una disonancia que no puedes contener y sentí que empezaba a formarse una marca en mi frente. Trigésimo tercero. El momento de crisis para Ran llegó el 18 de marzo del año pasado, cuando Israel rompió el alto el fuego con Hamás y lanzó una noche de ataques aéreos. Murieron centenares de personas, en su mayoría civiles. Ran afirma que ya no podía seguir formando parte de esto. Sentí que si seguía prestando servicio, estaría traicionando todo lo bueno que aún había en mí, la persona que quiero ser. Su caso no fue único. Varios pilotos solicitaron ser relevados de sus funciones después de que tantos civiles murieran esa noche. La Fuerza Aérea cedió, pero pidió a los pilotos que mantuvieran el silencio. 34. Rahn regresó a casa, pero no pudo volver a su trabajo. Desarrolló una especie de obsesión por mirar las peores imágenes de palestinos muertos y heridos. Sigo intentando reconstruir si tuve algo que ver con ello, si soy responsable de estas imágenes. 35. Oficialmente, el Ministerio de Defensa de Israel no reconoce el diagnóstico de lesión moral y el soldado que lo sufre será diagnosticado con estrés postraumático. Ese diagnóstico erróneo tiene consecuencias fatales para el paciente. 36. El Ejército de Israel también ha decidido discretamente reconocer el fenómeno, aunque tarde, ya que el ejército de Estados Unidos, por ejemplo, cuenta con protocolos de tratamiento para las lesiones morales desde hace años. Trigésimo séptimo. Hasta el día de hoy, la unidad de prensa del ejército israelí no ha emitido ningún comunicado al respecto y todo el asunto se ha mantenido en secreto. Las Fuerzas Armadas de Israel incluso se niegan a llamar a este fenómeno mental lesión moral, prefiriendo el término de lesión de identidad. entidad. Trigésimo octavo. Un oficial de salud mental señala en el reportaje de Haaretz que es bastante obvio que aquí se está haciendo una declaración sociopolítica. Al fin y al cabo, si reconocemos que muchos soldados sufren lesiones morales,¿cómo encaja esto con el cliché del ejército más moral del mundo? Así que en su lugar, eligieron una frase que traslada la responsabilidad al soldado, como si hubiera un problema con su identidad, en lugar de con la sacción que sus mandos lo enviaron a ejecutar. Trigésimo noveno. El reportaje de Haaretz señala cómo el ejército decidió no llamar a esos traumas mentales lesiones morales, porque el Canal 14, la cadena de televisión afín a Benjamín Netanyahu, los colgaría de un árbol. Cuadragésimo. El doctor Levi Belts, de la Universidad de Haifa, señala que el gobierno está contando una historia que es una dicotomía. o estás con nosotros o eres un traidor de izquierdas, y esto ha afectado principalmente a los jóvenes. Un soldado puede temer que si dice que tiene dudas sobre lo que hicieron en Gaza, el equipo lo perciba como un extraño al que hay que expulsar. Para ese soldado esto podría ser lo peor que le podría pasar, una sensación de rechazo total. Por eso, en muchos casos, prefieren no hablar de ello y no buscar ayuda. Cuadragésimo primero. El testimonio de Guy, que pertenece a la unidad de fuerzas especiales Shaldag, señala que cuando se hablaba de que todos los terroristas habían sido asesinados por los medios especiales que la unidad utilizó en los túneles, la gente se emocionaba, mientras que a mí me recordaba el holocausto. Esto me impactó, pero seguí sirviendo. Pensé que tal vez se me pasaría. Y cuadragésimo segundo, Guy indica que una de las operaciones fue en el hospital Ashir FIFA de Gaza y que toda la zona olía a muerte, a cadáveres. Desde entonces no soporto el olor a carne quemada. Me hice vegetariano. De hecho, recuerdo el momento en que caí en la cuenta cuando el olor me recordó lo que olí en Beeri. Eso me hizo preguntarme,¿en qué nos hemos convertido?¿En qué me he convertido? A día de hoy, Me da miedo, responde. Por más que la propaganda sionista lleve décadas proclamando que el ejército israelí es el más moral del mundo, lo sucedido en Gaza en los últimos años ha derrumbado como si de un castillo de naipes se tratara semejante afirmación. Las fuerzas israelíes han perpetrado de manera sistemática horribles crímenes de guerra que han incluido la matanza de civiles indefensos, la utilización de palestinos como escudos humanos, la tortura de los prisioneros de guerra, el bombardeo consciente de poblaciones civiles, el saqueo y otras conductas que en algunos casos apuntan a un verdadero genocidio con innegables paralelos con otros perpetrados en el siglo XX. Ante esas conductas totalmente injustificables, la reacción de los soldados israelíes ha sido diversa. La inmensa mayoría las ha perpetrado o al menos las ha aplaudido o guardado silencio. Sin duda lo han hecho al considerar que esos crímenes de guerra eran disculpables o incluso obligados. Otro grupo mucho menor ha participado en las atrocidades, pero está sufriendo los daños morales de sus acciones, consecuencia de haberse comportado de una manera abiertamente contraria a principios morales elementales. Esos soldados no solo son verdugos, sino también víctimas de los crímenes que les han recordado en no pocos casos los perpetrados por los nazis durante el holocausto. Finalmente, un grupo más reducido, entre ellos buen número de pilotos, ha decidido solicitar la baja para no volver a incurrir en esas conductas criminales. Al final, los innegables y horrendos crímenes tienen como víctimas a poblaciones como las de Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria o Irán, pero también incluyen agentes que contemplan con horror cómo ellos mismos han perpetrado espantosos crímenes contra poblaciones civiles indefensas e inocentes, crímenes de los que no aciertan a perdonarse por su carácter horrible. Por supuesto, el gobierno de Netanyahu, del que forman parte criminales de guerra imposibles de defender y buena parte del ejército de Israel y de la propia sociedad israelí, se negarán de manera encarnizada a reconocerlo y se esfuerzan por implantar una censura que evite que semejante horror llegue al conocimiento de la opinión pública, especialmente en Occidente. Pero como en su día dejó escrito Hosenfeld, en relación con el gobierno, con las fuerzas armadas y con la población de la Alemania nazi, se han impuesto una maldición eterna y estarán cubiertos para siempre de vergüenza. Una maldición y una vergüenza que ya han comenzado a sufrir en sus carnes algunos de los que perpetraron el espanto bajo la forma, negada por el gobierno y el ejército israelí, de daños morales. Pero no se dejen llevar por el desánimo la frustración, y es que a pesar de que los poderosos muchas veces parecen gigantes, es solo porque se les contempla de rodillas y ya va siendo hora de ponerse en pie. Mientras tanto, en el tiempo que han necesitado ustedes para escuchar este editorial, la deuda pública española ha aumentado en cerca de 7 millones de euros. Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches. Les ha hablado César Vidal desde el

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Sigue. Que Dios los bendiga.